¡Hola a todos! Hoy les traemos un post muy en sintonía con el momento del año que estamos. Durante el verano, miles de personas recorren nuestras playas. Caminamos por la orilla, jugamos en la arena, miramos el horizonte y muchas veces no reparamos en que, a nuestro alrededor, existe un ecosistema complejo y vivo, habitado por plantas y animales que llevan millones de años adaptándose a este ambiente particular.
Las costas uruguayas —que se extienden a lo largo de más de seiscientos kilómetros— no son solo un espacio de recreación: son un lugar donde la naturaleza trabaja todos los días para sostener la vida.
Este post propone una
invitación sencilla, mirar la costa con otros ojos, detenernos en algunas
especies que podemos encontrar fácilmente y conocer un poco más sobre ellas.
Las gaviotas: presencias
constantes del paisaje costero
La gaviota cocinera,
la más común de nuestras playas.
Cuando pensamos en una
gaviota caminando por la arena o volando sobre la orilla, casi siempre estamos
pensando, sin saberlo, en la gaviota cocinera (Larus dominicanus). Esta
es, por lejos, la especie de gaviota más común y fácilmente reconocible de las
costas uruguayas, presente durante todo el año tanto en playas oceánicas como
en estuarios, puertos y zonas cercanas a la ciudad.
La gaviota cocinera se distingue por su tamaño grande. Los adultos tienen el dorso y las alas de color negro. Cabeza, pecho y cola son de color blanco. El pico es amarillo con una mancha roja en la punta de la mandíbula inferior y tiene patas de coloración amarilla.
La llamada que
realizan al vocalizar es estridente. Los juveniles tienen el dorso
negro-castaño escamoso y tardan cuatro años en alcanzar la madurez.
Es una especie muy
adaptable, capaz de vivir tanto en ambientes naturales como en espacios modificados
por el ser humano. Por eso es común verla cerca de pescadores, en puertos o
incluso en zonas urbanas cercanas al mar. Su alimentación es variada: come
peces, cangrejos, moluscos, restos orgánicos e incluso aprovecha alimentos que
deja la actividad humana. Esta capacidad de adaptarse a distintas fuentes de
comida ha sido clave para su éxito como especie.
Durante la época
reproductiva, la gaviota cocinera construye sus nidos en el suelo, generalmente
en zonas poco transitadas, entre pastos o dunas. Allí pone sus huevos y protege
activamente a sus crías. En estos momentos puede mostrarse más ruidosa o
defensiva, lo cual no es agresividad, sino una forma de cuidado. Por eso es
fundamental respetar su espacio y no acercarse a nidos ni pichones, aunque parezcan
solos.
Más allá de su
presencia tan cotidiana, la gaviota cocinera cumple un rol importante en el
ecosistema costero, ya que participa en el control de poblaciones de pequeños
animales y en el reciclaje de materia orgánica. Observarla con atención permite
entender cómo una especie puede adaptarse al ambiente marino y convivir con los
cambios del paisaje costero.
El cangrejo sirí: el corredor azul de nuestras costas
Entre la arena húmeda
y el agua poco profunda vive uno de los crustáceos más característicos del
litoral uruguayo: el cangrejo sirí (Callinectes sapidus). Su nombre
científico significa literalmente “nadador bello y sabroso”.
Una de sus características más llamativas es su coloración azulada en las pinzas, especialmente visible en los machos, combinada con un caparazón ancho y resistente.
El último par de patas es aplanado, en forma de remo, lo que le
permite nadar con agilidad. Gracias a esta adaptación, el sirí puede alternar
entre el fondo del agua y la superficie arenosa sin dificultad.
El cangrejo sirí
habita zonas costeras, estuarios y lagunas donde el agua dulce se mezcla con el
agua salada. En Uruguay es frecuente en el este del país, particularmente en
ambientes asociados a lagunas costeras. Se alimenta de pequeños moluscos,
restos orgánicos, peces muertos y otros invertebrados, cumpliendo un rol clave
como reciclador natural del ecosistema.
Cuando caminamos por
la playa y vemos uno correr velozmente para enterrarse, estamos presenciando
una estrategia de defensa: el sirí detecta vibraciones y sombras, y responde
ocultándose bajo la arena para protegerse del calor y de posibles depredadores.
Observar este comportamiento es una excelente oportunidad para ver su
adaptación y supervivencia en ambientes cambiantes.
El pasto dibujante: la planta
que escribe sobre la arena
El pasto dibujante (Panicum
racemosum) es una planta nativa de las costas del Río de la Plata y el
Atlántico sur, y una de las especies vegetales más importantes de las dunas
uruguayas. Aunque muchas veces pasa desapercibido, su presencia es fundamental
para la estabilidad de las playas.
Crece formando matas
bajas, con hojas largas, finas y flexibles, capaces de resistir vientos
fuertes, alta radiación solar y la salinidad del ambiente. Bajo la superficie,
desarrolla un sistema de raíces extenso que actúa como un verdadero entramado
natural, sujetando la arena y evitando la erosión.
El nombre “pasto
dibujante” surge de una observación sencilla pero fascinante: cuando el viento
mueve sus hojas, estas dejan marcas y líneas sobre la arena, como si la planta
estuviera dibujando. Este fenómeno nos permite ver cómo la naturaleza deja
huellas visibles y que el paisaje está en constante transformación.
Además de proteger las dunas, el pasto dibujante brinda refugio y alimento a pequeños insectos y contribuye a la formación de microhábitats.
Cuando se pisa o se arranca, la arena queda suelta
y las dunas comienzan a degradarse, por lo que respetar estas plantas es clave
para el cuidado de la costa.
Los caracoles marinos: arquitectos del litoral
Los caracoles marinos,
también llamados gasterópodos, forman uno de los grupos más diversos de
animales de la costa uruguaya. Existen más de un centenar de especies
registradas en nuestras aguas costeras, muchas de ellas pequeñas y difíciles de
distinguir sin observar con atención.
Cada caracol construye
su propia concha a lo largo de su vida, utilizando minerales del agua. Esta
concha no solo lo protege de depredadores, sino también de la desecación cuando
queda expuesto fuera del agua. Las formas, colores y espirales de los
caparazones cuentan una historia de crecimiento lento y adaptación al ambiente
marino.
Muchos caracoles viven
enterrados en la arena o adheridos a rocas y otros organismos. Se alimentan de
algas microscópicas, restos orgánicos o pequeños seres vivos, y cumplen un rol
importante en el equilibrio del ecosistema costero. A su vez, son alimento para
aves, peces y cangrejos.
Cuando encontramos
caracoles en la playa, es fundamental distinguir entre conchas vacías y
animales vivos. Llevarse caracoles vivos altera el ecosistema y reduce la
biodiversidad. Observarlos, tocarlos con cuidado y devolverlos a su entorno es
una forma sencilla de respetar la vida marina.
Las algas: el sostén invisible de la vida marina y un alimento ancestral
Las algas marinas
son organismos fundamentales para la vida en el mar, aunque muchas veces pasen
desapercibidas o sean vistas solo como restos que quedan en la orilla. A
diferencia de las plantas terrestres, no tienen raíces verdaderas ni flores,
pero están perfectamente adaptadas a vivir en el agua salada, flotando o
adheridas a rocas, moluscos u otros materiales naturales.
En las costas
uruguayas se encuentran algas verdes, pardas y rojizas, cada una con formas y
tamaños distintos. Algunas son finas y delicadas; otras forman estructuras más
resistentes que pueden aparecer en la playa luego de marejadas o días de viento
fuerte. Lejos de ser desechos, estas algas cumplen un rol central: producen
oxígeno mediante la fotosíntesis y constituyen la base de muchas redes tróficas
marinas. Numerosos animales pequeños, dependen de ellas para alimentarse o
refugiarse.
Además de su
importancia ecológica, las algas han sido utilizadas históricamente como
alimento por comunidades costeras en distintas partes del mundo. Algunas
especies comestibles, correctamente identificadas y preparadas, pueden usarse
en la cocina para realizar buñuelos, sopas, tortillas o como complemento de
otros platos. Sin embargo, es importante aclarar que no todas las algas son
comestibles.
Las aguas vivas:
habitantes delicados del mar
Aunque no estén
incluidas en este recorrido fotográfico, no queríamos perder la oportunidad de
mencionar a estos seres vivos. Las aguas vivas o medusas forman parte natural
del ambiente marino uruguayo, especialmente durante los meses de verano. Su
cuerpo gelatinoso y transparente puede parecer extraño o intimidante, pero son
organismos antiguos que habitan los océanos desde hace millones de años.
Las medusas se
desplazan siguiendo las corrientes y cumplen funciones dentro del ecosistema,
como regular poblaciones de pequeños organismos y servir de alimento a ciertas
especies. Algunas poseen estructuras urticantes que liberan sustancias que
utilizan para defenderse y capturar presas.
Si encontramos una
medusa en el agua o en la arena, es importante no tocarla ni sacarla del mar,
ya que respetar su presencia es parte de aprender a convivir con la
biodiversidad marina.
Aprender a mirar para aprender a
cuidar
Conocer las costas es
mucho más que visitarlas. Es aprender a observar, a preguntar y a respetar.
Cada gaviota, cada cangrejo, cada planta o alga nos recuerda que la playa no es
solo un espacio de paso, sino un ambiente vivo, frágil y valioso.
Este post esperamos que sea el primero de una serie que
busca explorar la diversidad de nuestras costas, despertar la curiosidad y
fomentar un vínculo más consciente con la naturaleza. Esperamos que sea una
invitación a seguir investigando, caminando más despacio y mirando con atención
todo lo que el mar tiene para enseñarnos.
Si quieres compartir tus experiencias o fotos de este
verano con gusto las recibimos.







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