¡Hola
a todos! ¿Cómo están? Estábamos pensando en el post para este mes y nos dimos
cuenta de que nunca le dedicamos uno a las queridas hojas. Tenemos uno sobre la
caída de las hojas (Hojas van, hojas vienen... y otras se quedan.),
pero no sobre las hojas en general. Y si lo pensamos bien… las hojas están
siempre ahí. En el patio de la escuela,
flotando en un charco, haciendo sombra en verano o crujiendo bajo los
pies en otoño.
Hoy
queremos invitarlos a mirarlas con más atención. A descubrir que eso que parece
tan simple es, en realidad, una de las estructuras más importantes para la vida
en la Tierra.
¿Qué es una hoja y dónde nace?
Una
hoja es una parte fundamental de la planta. No aparece en cualquier lugar: nace
en el tallo, en una zona llamada nodo o nudo, y desde allí se despliega hacia
la luz. Es una estructura generalmente plana y verde, especializada en realizar
una tarea vital: la fotosíntesis. En el libro de flora indígena del Jardín Botánico
de Uruguay la definen de la siguiente manera: “una hoja es todo órgano que
brota lateralmente del tallo, de crecimiento limitado y de forma laminar” (10).
Si
la observamos de cerca, podemos reconocer tres partes principales:
● La base, que es la zona por donde se une al tallo.
● El pecíolo, una especie de “cabito” que sostiene la hoja y la orienta hacia la luz.
● El limbo, la parte ancha y plana que solemos identificar como “la hoja” propiamente dicha.
Dentro
del limbo se ven claramente las nervaduras, esas líneas que forman
dibujos tan variados y que parecen “venas”. No son simples marcas: son
conductos internos por donde circulan agua, minerales y sustancias nutritivas.
Cada
hoja, entonces, es una estructura organizada, con funciones muy precisas. No
está ahí solo para decorar el árbol.
La gran fábrica verde.
Las
hojas son conocidas como las “fábricas de alimento” de la planta. Y no es una
metáfora exagerada.
En
sus células hay cloroplastos que contienen clorofila, el pigmento verde
que capta la energía del sol. Con esa energía, la planta transforma agua (que
llega desde las raíces) y dióxido de carbono (que toma del aire) en nutrientes
que la planta utiliza para crecer y desarrollarse . Este proceso se llama fotosíntesis.
Gracias
a este mecanismo silencioso, no solo la planta produce lo que ella necesita
sino que también se libera oxígeno al ambiente. El aire que respiramos depende,
en gran parte, de millones y millones de hojas trabajando al mismo tiempo.
Pero
no es lo único que hacen para la sobrevivencia de la planta.
Las
hojas también:
● Permiten el intercambio de gases, a través de pequeños poros llamados estomas.
● Pegulan la transpiración, es decir, la pérdida de agua en forma de vapor.
● En algunas especies, almacenan agua o nutrientes.
Son estructuras activas, dinámicas, en constante interacción con el ambiente.
La diversidad de las hojas: una invitación a
clasificar.
Si
salimos al patio de la escuela o caminamos por una plaza, pronto notaremos algo
fascinante: no hay una sola forma de hoja. Hay cientos. Miles.
Clasificar hojas es una actividad maravillosa para todas las edades porque implica observar, comparar, agrupar y sacar conclusiones. Veamos algunas maneras de hacerlo. En el post de herbario también podés encontrar ideas de cómo conocerlas y https://chacraeducativasantalucia.blogspot.com/2023/07/herbario-una-maravilla-estetica-un.html
Según su
estructura: hojas simples y compuestas
Aquí
aparece una clasificación fundamental.
Una
hoja simple tiene un único limbo, aunque pueda estar algo recortado.
Todo forma una sola pieza.
Una
hoja compuesta, en cambio, está dividida en partes llamadas folíolos.
A simple vista parecen varias hojas pequeñas, pero en realidad forman parte de
una misma estructura.
Para
diferenciarlas, es clave observar dónde nace del tallo y si hay una yema en su
base.
Según
su forma general
Algunas
hojas son:
● Ovaladas, como muchas de los árboles frutales.
●
Lanceoladas, alargadas y terminadas en punta.
●
Acorazonadas, con forma de corazón.
●
Palmadas, abiertas como una mano.
● Aciculares, finitas y en forma de aguja, como en los pinos.
La
forma no es caprichosa: responde al ambiente. Hojas más pequeñas reducen la
pérdida de agua en climas secos; hojas más grandes pueden captar más luz en
lugares sombríos. Y existen muchas más formas, aquí presentamos solo algunas.
Según el borde
El
borde de una hoja también nos da información:
●
Entero:
liso, sin ondulaciones.
●
Dentado o aserrado: con pequeños “dientes”.
●
Lobado:
con entradas y salientes más profundas.
Según la
nervadura: el dibujo interno
Si
observamos las nervaduras, encontramos dos grandes tipos de disposición:
● Nervadura reticulada: las venas forman una red, como una telaraña. Es común en muchas plantas de hoja ancha.
● Nervadura paralela: las venas corren casi paralelas entre sí, como rieles. Es típica en hojas largas y estrechas, como las del pasto, el puerro, el maíz.
Según
su disposición en el tallo
Las
hojas también pueden clasificarse según cómo se ubican en el tallo. Este patrón
se llama filotaxia.
●
Alternas: nace una hoja por nodo.
●
Opuestas: nacen de a dos, enfrentadas.
●
Verticiladas: nacen varias en el mismo punto formando un círculo.
Si
miramos un tallo con detenimiento, podemos descubrir este patrón y entender
cómo la planta organiza sus hojas para recibir mejor la luz.
Hojas que se
transforman.
La
clasificación también incluye modificaciones sorprendentes. Algunas hojas cambian
su forma para cumplir funciones especiales:
●
Se convierten en espinas,
como en los cactus, para protegerse y evitar perder agua.
●
Se transforman en zarcillos,
permitiendo que la planta trepe.
● Se vuelven carnosas para almacenar agua, como en muchas suculentas.
● En ciertas plantas insectívoras, adoptan forma de trampa para capturar insectos.
Una invitación a mirar diferente.
Las
hojas parecen comunes porque están siempre con nosotros. Pero si nos detenemos
a observarlas, descubrimos que son estructuras complejas, organizadas y
esenciales.
Son
fábricas de sustancias, reguladoras del agua, con grandes adaptaciones al
ambiente y también nos dan pistas para clasificar especies. Para maestras y
maestros, pueden convertirse en un eje de trabajo interdisciplinario: ciencias
naturales, arte, lenguaje, observación, clasificación, comparación.
La
próxima vez que encuentren una hoja en el suelo, no la miren como algo que
simplemente cayó. Piensen en todo lo que hizo mientras estuvo verde. En el sol
que captó. En el aire que transformó. En el alimento que produjo. Porque en
cada hoja hay ciencia, historia y vida. Y también una oportunidad para seguir
aprendiendo.
¿Te animarías a hacer una colección de hojas? ¿O dibujarlas? ¿O prensarlas para luego utilizarlas? ¿O salir con una lupa de buscar detalles o pequeños insectos que vivan sobre ellas?
Gracias @betituquest por tus ilustraciones

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